sábado, 11 de abril de 2026

Si quieres, puedes hacer aquí una lectura sobre inmigración, feminismo, objetivización, responsabilidad afectiva, o básicamente cualquier cosa que te haga un poquito triste

Paseando con mi amigo, al que hace tiempo que no veo, en una ciudad que nunca fue mía; veo una bandada de pájaros bañándose en los charcos de un aparcamiento.

    Le pregunto qué pájaros son esos, como hipnotizado por sus colores, su canto, por cómo juegan entre ellos, llenos de vida.

    Me responde con desdén, a la bulla, que es una plaga nueva de la ciudad. Hay demasiados, dice. No son de aquí, sugiere.

    Ahora ya sé, porque necesité buscarlo, que son cotorras. Cotorritas.

    Un animal que pertenecía a alguien, cuyo destino era ser un bien preciado, lleno de color, amado por su obediencia y belleza.

    Ahora juegan, salvajes, en los charcos embarrados de una lluvia impertérrita, manchando sus colores de un pardo que les parece proteger mientras se quieren unos a otros. Se quieren porque son los unos de los otros.

    Digo que quiero volver a por mi libreta porque quiero escribirles un poema, pero, ¿qué puedo yo hacer si el poema ya son ellos mismos?

No hay comentarios:

Publicar un comentario