En todo país existe un ejército pero, en este desierto que es mi cuerpo, más que el pacifismo, se practica la indefensión.
He aprendido a digerir lento,
a jugar con las manos
para que los puños ni asomen
y a que mis piernas adopten
una postura
de aparente relajación.
He aprendido a sonreír al insulto
y a dar indulto
a cualquier intento
de faltarme al respeto
o herirme el amor.
Porque, ¿qué amor
pueden herir
si no me quiero ni yo?
Viniste a mí,
sin saberlo los dos,
a conquistar mi cuerpo,
mi tierra, mi cielo.
A hacer tuyo
mi corazón.
Decías que te gustaban
lo que ahora entiendo
que eran montañas sinuosas,
aunque siempre fueron,
para mí, tortuosas
cumbres de desolación.
¿Cómo osa esta persona extranjera,
pretender salvar cualquier cosa,
de esta profunda fosa que es mi desesperación?
Lo siento,
aún no lo entiendo,
¿qué amor
puedes sentir
si no me quiero ni yo?
No hay comentarios:
Publicar un comentario