lunes, 6 de abril de 2026

De un ejercicio de taller, en el que mi cuerpo era territorio

En todo país existe un ejército pero, en este desierto que es mi cuerpo, más que el pacifismo, se practica la indefensión.

He aprendido a digerir lento,

a jugar con las manos

para que los puños ni asomen

y a que mis piernas adopten 

una postura

de aparente relajación.


He aprendido a sonreír al insulto

y a dar indulto 

a cualquier intento

de faltarme al respeto

o herirme el amor.


Porque, ¿qué amor 

pueden herir

si no me quiero ni yo?


Viniste a mí, 

sin saberlo los dos,

a conquistar mi cuerpo,

mi tierra, mi cielo.

A hacer tuyo 

mi corazón.


Decías que te gustaban 

lo que ahora entiendo

que eran montañas sinuosas,

aunque siempre fueron,

para mí, tortuosas 

cumbres de desolación.


¿Cómo osa esta persona extranjera,

pretender salvar cualquier cosa, 

de esta profunda fosa que es mi desesperación?


Lo siento,

aún no lo entiendo,

¿qué amor

puedes sentir

si no me quiero ni yo?

No hay comentarios:

Publicar un comentario