Volviendo a casa, me tropiezo con dos chicas que bailan y cantan juntas como si más que beberse sus copas lo que quisieran es beberse el mundo. Me encanta ver lo mucho que se quieren y no termino de entender -creo que no termino de entender- los muchos colores que llenan sus melenas, sus ropas y sus brazos… pero aún así les sonrío, casi deseando que me sonrían de vuelta, antes de esquivarlas y correr a mi puerta.
Subo.
Dejo las bolsas en la cocina. Abro el armario. Lo cierro. Suspiro. No sé qué hacer para cenar. Comería cualquier cosa, pero no es tan fácil. Seguro que quiere carne.
Cierro la ventana. Ruido infernal de gente de verbena. No lo soporto. Cuando no es una procesión, un mercadillo. Siempre tienen motivos para un follón.
Voy a la habitación. La pintura está vieja. Espera. Esos son humedades. Respiro. Necesito ir al baño. Respiro. El espejo está sucio. Le tocaba limpiarlo hoy. Yo ya he hecho el salón.
Necesito beber. Abro la nevera. No hay cerveza. Claro. Salí por ella y sin ella he vuelto. Pego un portazo.
Junto a la puerta del supermercado de mi calle, un grupo de música se ha apontocado para hacer vibrar la fiesta y me río por cómo el bajista y la baterista parecen estar contándose un chiste con la mirada mientras el guitarra se esfuerza en parecer relajado al dar las notas más altas.
Me entretengo saludando a mi vecina, la viuda del primero, que me recuerda que le debo una merienda y no puedo más que reírme porque los dos sabemos que no puede tomar azúcar ni cafeína ni comer a ciertas horas. Le prometo, sin embargo, que bajaré a ayudarle a arreglar la tele, que está muy fea, dice, y de todos modos no se entera, pero a ella le gusta ver la serie esa con los vestidos tan preciosos, esa de época tan maravillosa-
La interrumpo. Mi alarma nos interrumpe. Tengo que hacer la cena. Pero el qué. No tenía nada arriba. Ni cerveza. Ay, la cerveza. Vuelvo. Entro. Salgo. Pediremos algo. No quiero otra hamburguesa. O sí. Es más fácil.
Desde la puerta de casa, vuelvo a ver la pareja de antes, que ahora van muy juntitas, casi como si quisieran ser una nada más o más bien siéndolo, y que van de camino a algún lugar donde poder bailar mejor. Ojalá les pudiera recomendar un sitio, o mejor, miles, donde poder irse a hacer de todo menos estar en casa.
Vuelvo a casa. No hago la cena. Respiro. Hago la maleta.