sábado, 1 de junio de 2024

Reflejo de un poema

 Gracias por escucharme.


Plateado y exacto.
Sin prejuicios.
No cruel, sincero.
De un pequeño dios de cuatro ángulos
veo el ojo.

Es un orbe profundo e ilusorio
que urde ante mí el reflejo
que veo surgiendo en el espejo.
Es mi sueño, gastado repertorio.

Sin poder salir de un sueño,
sin imitar ese insaciable hambre,
sin describir lo más pequeño
porque no puedo escribir a lo grande.

Para poder serme sincero
aprendí a acallar los peros
y, como no me lo creía,
me dije que me quiero.

Soy débil y me tengo miedo.

Oso mimoso
yo soy.
Orar raro
yo soy.
Ateo poeta
yo soy.


O-R-E-M-I-F-E



No sabía cómo mirarme,
así que traté de ponerme frente a frente
contra un espejo.
No fue suficiente.
Añadí otro espejo
Y en él, demente,
vi el reflejo de un reflejo.

Resulta evidente
que no soy diferente
a la irreverente corriente
de los residentes  de este nuestro presente.

Echadle un vistazo
a mi mente:




E-F-Í-M-E-R-O


Yo soy
ateo poeta.
Yo soy
orar raro.
Yo soy
oso mimoso.

Soy débil y me tengo miedo.

Me dije que me quiero
y, como no me lo creía,
aprendí a acallar los peros
para poder serme sincero.

Porque no puedo escribir a lo grande
sin describir lo más pequeño,
sin imitar ese insaciable hambre,
sin poder salir de un sueño.


Es mi sueño gastado repertorio que veo surgiendo en el reflejo que urde ante mí el espejo. Es un orbe profundo e ilusorio.

Veo el ojo
de un pequeño dios de cuatro ángulos.
No cruel, sincero. Sin prejuicios.

Plateado y exacto.



Gracias por escucharme.

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